FRÍO DE HIELO

Un extracto de OMEGA Lifetime: Edición Invernal


Por ROBERT RYAN
Fotografías de  ANDY BARTER


Tras ser sometido a pruebas a temperaturas bajo cero, donde los dispositivos electrónicos podrían fallar y congelarse, un reloj OMEGA mecánico sigue efectuando su cronometraje.

Hace algo más de un década, se formaron dos equipos – uno británico y otro noruego–, para intentar repetir la famosa "Carrera hasta el Polo" entre Robert Scott y Roald Amundsen.

Por darle más autenticidad, ambos equipos llevarían la misma ropa y utilizarían un equipamiento idéntico, hasta los pesados y agotadores trineos, igual que hicieron los valientes que fueron al sur del continente blanco en 1910, para conquistar el Polo a finales del año siguiente. Pero había una gran diferencia: el lugar. Ya no se permite que los perros pongan sus patas en la Antártida, así es que se planificó en Groenlandia una ruta similar. Los equipos diferían bastante en su enfoque de la carrera. La noche antes del comienzo, los noruegos supervisaron sus bártulos, dieron de comer a los perros, volvieron a afilar los patines de los trineos y se acostaron pronto. Los británicos se quedaron en el bar. Como recordó Bruce Parry, excomando y jefe del equipo, para levantarse a tiempo confiaban plenamente en el antiguo despertador del médico Rory O’Connor: “Nuestro despertar dependía normalmente del timbre de 10 segundos de duración del despertador de Rory, que era de 1911 y lo despertaba a él. La carrera propiamente dicha empezaba a las 8:00 y pusimos la alarma para las 5:00, con el fin de estar listos y salir en el mismo segundo de inicio…, pero la fatalidad quiso que nos quedáramos en la cama, porque la alarma de Rory se congeló pasados diez minutos de la medianoche”. Se quedaron dormidos: el frío glacial se había anotado su primera victoria sobre los humanos. No sería la última (Por cierto, los noruegos ganaron. Otra vez). El incidente demuestra los peligros que corren los exploradores y aventureros que van a los Polos (o cualquiera que cruce la frontera de las nieves perpetuas o se aventure en invierno por latitudes extremas) y se fían de cualquier aparato, aunque sea un humilde reloj, que no esté diseñado para funcionar a bajas temperaturas. Si el equipo británico hubiera utilizado un reloj digital, o incluso uno de cuarzo, se podría entender que funcionara mal, porque los circuitos electrónicos son muy sensibles al frío. Las cámaras, los ordenadores y los teléfonos móviles se alteran también con un frío repentino. El complejo conjunto de componentes de diferentes materiales y hasta un solo circuito se dilatan y contraen según diferentes coeficientes y crean tensiones, además de que la resistencia de algunos componentes –incluidas las baterías de iones de litio, Li-Ion– aumenta radicalmente cuando la temperatura cae. Una batería que, a 27 °C/80 °F, suministre el 100% de su energía acumulada transmitirá generalmente solo el 50% a -18 °C/0 °F. El explorador polar Ben Saunders recorrió la ruta de Scott al Polo Sur en 2013-14 y se dio cuenta de que los dispositivos electrónicos y el frío no casaban bien. “Las regiones polares son tan extremas que no se puede contar con muchos aparatos electrónicos; desde luego, con nada que tenga pantalla LCD”, dijo. “En los días muy fríos, tuvimos problemas con los módulos GPS”.

"Esto se debe en parte a que casi todos los semiconductores utilizados en los circuitos tienen como límite la llamada temperatura "congelante", por debajo de la cual dejan de funcionar".

Los componentes interiores de smartphones, ordenadores portátiles y unidades GPS pueden estropearse para siempre, posiblemente incluso romperse (los plásticos se vuelven muy quebradizos a bajas temperaturas) y esos dispositivos son muy vulnerables a la condensación si se someten a una amplia gama de temperaturas, lo que también podría ser fatal para su funcionamiento. Por eso las compañías de teléfonos móviles limitan las temperaturas de operatividad recomendadas: Samsung dice que sus móviles funcionan perfectamente entre -20 °C/-4 °F y +50 °C/122 °F y Apple, que la temperatura de funcionamiento de sus iPad debe mantenerse entre 0 y 35 °C/32 y 95 °F. Esto se debe en parte a que casi todos los semiconductores utilizados en los circuitos tienen como límite la llamada temperatura "congelante", por debajo de la cual dejan de funcionar. Según el sitio web extremetemperatureelectronics.com (muy consultado por los ingenieros y técnicos que operan en los límites extremos de las temperaturas), la descomposición del material semiconductor es también un riesgo, que lleva a un daño irreversible. Pero ¿no podría un despertador anticuado portarse mejor que eso? ¿Habría sido posible que, a las bajas temperaturas reinantes en la tienda del equipo británico, se hubiera parado porque el aceite lubricante del movimiento se puso demasiado viscoso? Después de todo, los puntos de contacto con el aceite son los componentes más vulnerables del movimiento de un reloj. El punto de congelación de la mayoría de los lubricantes de relojería está en -30 °C/-22 °F. Pero es sabido que se puede espesar a partir de -20 °C/-4 °F. Por este motivo, para los relojes de edición especial, OMEGA emplea un tipo de aceite específico que no se congela hasta estar entre -40 °C/-40 °F y -55 °C/-67 °F. Otra posibilidad es que la contracción de los componentes metálicos hubiera causado desarreglos. Los piñones que giran con un par de fuerzas bajo podrían pararse con más facilidad que los que lo hacen con un par más potente. Sea cual sea la razón, como Bruce Parry comprobó, un reloj parado puede ocasionar un desastre.

OMEGA Lifetime encargó una prueba en que un reloj OMEGA fue sometido a un descenso de temperatura hasta los -70 °C/-94 °F, en tramos de cinco en cinco grados Celsius, y luego vuelto a una temperatura ambiente normal, para comprobar si había sufrido daños. El reloj elegido fue el Seamaster Planet Ocean 600M Co-Axial Master Chronometer.

Para obtener la calificación Master Chronometer este modelo debe superar una rigurosa serie de pruebas aprobadas y certificadas por el Swiss Federal Institute of Metrology (METAS), que comprueba en cada reloj la resistencia a variables como campos magnéticos, temperatura y resistencia al agua, además de verificar la precisión media diaria. Antes de eso, durante la homologación interna, el movimiento se somete a -20 °C/-4 °F. Una vez certificado por el METAS, el Seamaster se introdujo en un refrigerador especial, que hizo bajar la temperatura, desde la ambiente, a -70 °C/-94 °F, en tramos de -5 grados Celsius. Se ajustó un micrófono al reloj, para controlar el funcionamiento a medida que iba bajando la temperatura. Tras cuatro horas a -70 °C/-94 °F, el reloj fue devuelto a la temperatura ambiente. No sorprendió nada que el reloj se parara a la temperatura más extrema. Como se esperaba, el aceite se cuajó y después se congeló bastante antes de los -70 °C/-94 °F (los datos detallados todavía están analizándose y procesándose en el momento de escribir este artículo). Pero lo que a los observadores les interesaba también era si los efectos de una temperatura tan baja, tan poco habitual, eran reversibles. Los resultados han confirmado que el aceite utilizado en los relojes no se deteriora y que actúa normalmente cuando vuelve a la escala de temperaturas de funcionamiento recomendadas. Es más, incluso aunque el reloj hubiera sido sometido a un ambiente tan extremo, vuelto a la temperatura normal ha superado otra vez exactamente las mismas pruebas METAS. Todo este proceso se ha repetido con otros Seamaster Master Chronometer y el resultado ha sido siempre el mismo: la estancia en el frío no perjudica permanentemente los mecanismos; lo que, como sabemos, es algo que no se puede asegurar con respecto a los sistemas electrónicos. Otra victoria para el mundo analógico. Pero esta no es la primera vez que un OMEGA ha realizado este tipo de demostraciones, porque, durante muchos años, OMEGA pasó por un programa secreto de pruebas criogénicas que, durante décadas, estuvo rodeado de misterio y medias verdades: el Proyecto Alaska, la auténtica Área 51 de la horología.

"Omega pasó por un programa secreto de pruebas criogénicas que, durante décadas, estuvo rodeado de misterio y medias verdades: el Proyecto Alaska, la auténtica Área 51 de la horología".

CERTIFICADO PARA LOS VUELOS ESPACIALES

En 1964, a un joven ingeniero aeroespacial de la NASA llamado James H. Ragan se le encargó diseñar un programa para probar una serie de relojes que funcionaran en las condiciones extremas que podrían encontrarse durante los vuelos espaciales (y, por último, en un alunizaje). Ragan pidió a varias compañías que suministraran cronógrafos, incluida, por medio de su distribuidor en EUA, OMEGA.

En las pruebas de Ragan, los relojes se sometieron a altas temperaturas, presión extrema, humedad elevada, atmósfera de oxígeno puro, impactos, aceleración, descompresión en vacío, vibraciones y ruidos, y también a bajas temperaturas (muchas veces, en unión de otras variables, como altas presiones). Las pruebas de frío incluyeron mantener los relojes a -18 °C/-0 °F durante cuatro horas, volverlos a temperatura normal y probarlos y reinspeccionarlos (no muy diferentes de la prueba más rigurosa realizada por OMEGA Lifetime y descrita antes). Un parámetro de -18 °C/0 °F puede no parecer muy bajo comparado con la prueba efectuada para OMEGA Lifetime. Después de todo, la temperatura de la superficie lunar puede precipitarse a -200 °C/-328 °F; en el ecuador de Marte puede descender bruscamente a -90 °C/-130 °F (-125 °C/-193 °F en los polos) e incluso la parte de un vehículo espacial orbital oculta a la luz solar puede alcanzar los -100 °C/-148 °F. Como comparación, la temperatura más baja registrada en la Antártida son -89,2 °C/-128,56 °F; en enero, los habitantes de Verjoyansk, en Siberia, han de vivir a una escalofriante temperatura media de -45 °C/-49 °F; en el mismo mes, la cumbre del Everest tiene una media de -36 °C/-33 °F, pero puede bajar a -60 °C/-76 °F (Aunque, recuerde, en el mundo real, un reloj es casi imposible que experimente esas temperaturas tan excesivamente bajas: el calor corporal y la ropa modifican las condiciones ambientales y, por eso, aunque el mercurio baje, probablemente el reloj se mantendrá mucho más caliente). De hecho, el Speedmaster ya había demostrado que es capaz de soportar -18 °C/0 °F. En 1956, uno de esos relojes fue colocado en el exterior de un Douglas DC-6B de las Canadian Pacific Air Lines que hacía la Ruta Polar volando a Ámsterdam desde Edmonton. Tras nueve horas de exposición a los elementos y a alturas hasta de 5300 m/17 500 ft, incluidas temperaturas por debajo de -18 °C/0 °F, fue comprobado en el aeropuerto de Schiphol por el capitán y el personal de tierra, y seguía funcionando perfectamente. Probablemente el año próximo conoceremos la respuesta a la cuestión sobre la elección de los parámetros de bajas temperaturas decidida para las pruebas de la NASA, cuando OMEGA y el Smithsonian publiquen los resultados de sus investigaciones pioneras realizadas con relojes a principios de los pasados años 60. Lo que sí sabemos seguro es que el OMEGA Speedmaster superó todas las pruebas de Ragan con resultados excelentes y, el 1 de marzo de 1965, fue “calificado por la NASA para volar en todas las misiones espaciales tripuladas”.

Lo que resulta interesante es que la NASA no hubiera encargado un reloj diseñado especialmente para la exploración espacial. Adquirió el futuro "Moonwatch" como lo que ellos llaman un producto COTS (Commercial Off-The-Shelf), exactamente el mismo modelo que todo el mundo podía comprar.

Incluso antes del Apolo 11 de 1969, cuando Neil Armstrong y Buzz Aldrin dieron los primeros pasos de la humanidad sobre la superficie lunar y el Speedmaster se convirtió en el primer reloj utilizado en la Luna, Omega había decidido mejorar sus relojes oficiales de la NASA y crear el reloj espacial supremo. Así es que, trabajando directamente con James H. Ragan, el ingeniero que supervisó todos los trámites de calificación y las pruebas de la NASA, creó el ultrasecreto Proyecto Alaska, un nombre que ha originado cierta confusión a lo largo de los años. El espacio es frío y Alaska también, pero ese no fue el motivo de haber elegido este nombre. Se trató simplemente de un nombre clave que Omega utilizaba internamente entonces (y en todos los proyectos secretos, incluso los que estaban fuera del ámbito de la NASA), para mantener la confidencialidad. Se eligió con el fin de asegurar el secreto total de los proyectos, porque era de máxima importancia que sus competidores (especialmente en EUA) no supieran nunca que OMEGA estaba trabajando directamente con la NASA en proyectos especiales y con el encargo de relojes espaciales exclusivos. Además, nunca hubo un único Proyecto Alaska, sino una serie de ellos, que comenzaron en 1969 y tuvieron el número I-IV. La primera fase tuvo lugar durante la época de los alunizajes frecuentes (y de la reiterada ambición de la NASA por posarse en la cara oculta de la Luna) y produjo el primer reloj del mundo con caja de titanio pulido. En 1970, el prototipo de relojes espaciales Speedmaster Professional consiguió una nueva edición muy llamativa: una cubierta de aluminio anodizado, roja y sobredimensionada, con forma de donut. El aluminio, con su baja conductividad térmica, fue diseñado para actuar como escudo contra las bajas y altas temperaturas y el color rojo protegía de ciertas ondas de radiación. Con la cubierta colocada, el reloj podría soportar temperaturas ambientales de -148 °C/-234,4 °F a +260 °C/500 °F, un asombroso tramo funcional de más de 400 grados Celsius. Aquellos relojes tenían también una esfera blanca, para reflejar la radiación térmica, y una larga pulsera blanca con cierre de Velcro, para ajustarse sobre el grueso traje espacial.

Pero el interés público por la Luna se desvaneció. En diciembre de 1970, la NASA canceló las misiones Apolo 18 a 20, por limitaciones presupuestarias, lo que originó que ya no necesitara un reloj para la cara oculta de la Luna, y el proyecto se archivó. Así que el Speedmaster "Moonwatch" de OMEGA siguió siendo el único reloj de pulsera con certificado espacial.

Pero, en 2008, OMEGA lanzó el Speedmaster Professional Alaska Project calibre 1861, con solo 1970 ejemplares –en honor del año de su diseño– y, lo mismo que el modelo original, este Alaska Project de Edición Limitada tiene una caja exterior roja y una pulsera blanca larga adicional. Es hoy una pieza de coleccionista muy buscada. La NASA tenía una lista de nuevas misiones que requerían unos cronometrajes exactos, incluida una que se centraba en nuestro propio planeta. Skylab (1973-79) fue la primera estación orbital espacial estadounidense y, como parte de su misión científica, incluyó la ETC (Earth Terrain Camera), una cámara de alta resolución que utilizaba película de 5 pulgadas y un objetivo de 18 pulgadas de distancia focal, diseñada para tomar imágenes (en blanco y negro, color e infrarrojas) de nuestro mundo. Así, parte de la siguiente cooperación NASA-OMEGA, que se conoció como Alaska II (a partir de 1972) incluyó el diseño y las rigurosas pruebas de dispositivos OMEGA especiales para cronometraje, con movimiento mecánico de diapasón, utilizados para secuenciar con un código de tiempos las fotografías de la ETC. De hecho, se puede ver el logotipo OMEGA en el reloj sobreimpresionado que figura en todas las fotografías ETC oficiales. Al mismo tiempo, continuó el trabajo encubierto en prototipos de relojes espaciales, todavía basados en el Speedmaster Professional. Skylab dio paso a la reutilizable Space Shuttle –lanzadera o transbordador espacial– y OMEGA también estuvo a bordo en este proyecto. Después de todo, el programa Shuttle hizo que las EVA (Extravehicular activities) o paseos espaciales fueran una parte habitual de las operaciones. Para aquellos astronautas, era esencial un cronómetro preciso y fácil de leer y manejar, así que OMEGA produjo para la NASA otra tanda de prototipos innovadores, incluidos unos con el movimiento de cronógrafo de diapasón utilizado en la ETC. Para el proyecto Alaska IV, OMEGA trabajó en modificar relojes Speedmaster y aplicarles pantallas LCD. En un momento dado, suministró a la NASA doce "space-proofed" Speedmaster Professional Quartz, referencia ST186.0004, para probarlos en la propia lanzadera. Pero, la NASA reevaluó el Speedmaster Professional y, una vez más, este reloj barrió a su competencia. Volvió a ser certificado para la Space Shuttle y los primeros 56 ejemplares se entregaron a la NASA a fines finales de 1978. Parece que resultaba difícil superar a un clásico.

“La NASA tenía una lista de nuevas misiones que requerían unos cronometrajes exactos, incluida una que se centraba en nuestro propio planeta”.

Pero difícil no quiere decir imposible y la investigación sigue. En 1998, OMEGA nos presentó el Speedmaster X-33, en titanio y con movimiento de cuarzo, un reloj que sigue siendo todavía un visitante asiduo de la Estación Espacial Internacional (ISS) y que aprovechó directamente los conocimientos y técnicas adquiridos en los proyectos Alaska I-IV. Cuando se lanzó, se le dio el sobrenombre de “Mars”, el reloj de Marte, por el siguiente gran objetivo de la NASA. Pero, tras todos estos años en el espacio, el Speedmaster Professional sigue siendo el único reloj certificado por la NASA para utilizar en actividades extravehiculares (EVA). Esto no quiere decir que el X-33 o algo como él no puedan afrontar los saltos de temperatura de 110 °C/198 °F (+20 °C/68 °F durante el día, -90 °C/-130 °F de noche no es nada fuera de lo común) y las tremendas tormentas de polvo de la superficie marciana. Después de todo, nada menos que James H. Ragan, el jefe del grupo responsable de las pruebas originales de la NASA que nos dieron el Moonwatch, ha dicho: “Estoy convencido de que siempre va a necesitarse un cronógrafo personal en todas las misiones tripuladas futuras. Creo también que, cuando el primer astronauta ponga el pie en suelo marciano, el cronógrafo que llevará puesto será un OMEGA”. Dado que este fue el hombre que seleccionó el Speedmaster para ir al espacio hace todos esos años, yo no me atrevería a jurar que no está en lo cierto.